Valencia, 3 de octubre de 2005
Elvira Ródenas Sancho, Secretaria de la Mujer y la Igualdad de la UGT-PV  
Fdo.: Elvira Ródenas Sancho,
Secretaria de la Mujer y la Igualdad de la UGT-PV
El llamado programa de reeducación para maltratadores de mujeres que se está llevando a cabo en Alicante ha saltado a la primera plana de los informativos. Todos pudimos ver en televisión al presidente de la Audiencia Provincial, Vicente Magro, desencajado ante los comentarios más que ofensivos hacia las mujeres, advirtiendo a los maltratadores condenados que los cursos no eran un juego, porque si no, se acaba el programa, lo suspendemos, se cumple la pena y ya está, dijo.
 
Para la UGT-PV es indudable que este hecho bochornoso pone al descubierto la imprevisión y, hasta cierto punto, la trivialidad con la que se ha abordado la supuesta rehabilitación de, no lo olvidemos, personas condenadas en firme por cometer delitos contra la integridad física y mental de otras personas, en este caso mujeres.

Una cuestión que es importante recalcar, porque por desgracia aún existe una excesiva tolerancia social, hasta hubo aplausos, tolerancia que también se percibe en algunos ámbitos judiciales. Prueba de ello es que de las 80 sentencias por malos tratos estudiadas por la Federación de Mujeres Progresistas durante el periodo julio 2003-2004, 45 han sido benévolas con los maltratadores por haberles absuelto directamente o por haber rebajado, conmutando o minimizando sus penas, a pesar de la evidencia de las acciones cometidas contra las mujeres.

Sin querer simplificar este asunto delicado, la esencia de los cursos consiste en conmutar penas de cárcel inferiores a dos años y que por tanto no suponen internamiento sin antecedentes, por el seguimiento del llamado Programa de Conferencias. Un tratamiento psicológico que se ha ido al traste al constarse la nula voluntad de gran parte de estos maltratadores para reformar sus pensamientos que desde el punto de vista psíquico se antojan la llave para reformar sus conductas delictivas.

Actualmente, la media de tiempo desde que se comete el delito hasta que se toma cualquier medida al respecto es de entre un año y año y medio, tiempo durante el cual en la mayoría de las sentencias no consta que el delincuente haya entrado en prisión preventiva o se dictaran ordenes de alejamiento. En su visión, tal y como se observó en Alicante, ellos son las víctimas de las mujeres y de una Justicia que en estos casos actúa siempre contra el hombre.

En realidad, la verdadera víctima del delito queda desamparada, ya que su agresor tan sólo tiene que asistir a unas charlas para quedar rehabilitado ante la sociedad.

Sólo con recordar que a este curso asistían 150 maltratadores nos puede dar una idea del grado de atención necesario para ""pasar de curso"".

Sin duda, actuaciones como ésta hacen que la lucha contra la violencia machista se resienta, ya que hemos de ponernos en el lugar de una mujer que ha logrado el reconocimiento de que el maltrato constituye un delito y exista una condena privativa de libertad, y que se encuentra con que la propia autoridad judicial sustituye a la ligera esta pena por una medida que no tiene asegurada la eficacia, acrecentando la inquietud no sólo de las víctimas actuales sino también de las futuras.

Desde la UGT-PV consideramos que la novedad en materias como la rehabilitación de los maltratadores es muy delicada y requiere utilidad evidente, cosa que en este caso no se ha comprobado. La única comunidad autónoma que ha realizado cursos similares es la vasca y los resultados indican que más de la mitad de los maltratadores que siguen los cursos no lo superan.

Hablar de verdaderos programas de rehabilitación es exigir a los maltratadores que tomen conciencia de su problema, que consideren su conducta como errónea, ya que si no nos hallamos simplemente delante de un trueque beneficioso. En todo caso, exigimos que este tipo de programas se introduzcan por las autoridades penitenciarias, en respeto estricto del principio de reinserción, y el cumplimiento íntegro de las penas dictadas. Convencidos de que los programas han de ser voluntarios y abiertos a quienes, con sentencia o sin sentencia en su contra, quieran evitar situaciones violentas, por su bien, por el de la víctima y, en consecuencia, por el bien de la sociedad en la que viven.

Por ello, la UGT-PV insiste en su absoluto desacuerdo con estas medidas de sustitución de penas que lo único que consiguen es ridiculizar las condenas en los casos de malos tratos, eliminando el carácter disuasorio de la pena que tiene el ingreso en prisión.


Valencia, 3 de octubre de 2005

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