Ante la crisis, trabajo decente. Marisa Baena

El 7 de octubre, se conmemora mundialmente el Día del Trabajo Decente. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo decente puede ser sintetizado en cuatro objetivos estratégicos: principios y derechos fundamentales en el trabajo y normas laborales internacionales; oportunidades de empleo e ingresos; protección y seguridad social; y diálogo social y tripartismo. Es decir, un proceso desarrollado entre gobierno, empresarios y trabajadores.

No cabe duda de que consolidar la práctica del trabajo decente es fundamental en el esfuerzo por reducir la pobreza, y es un medio para lograr un desarrollo equitativo, inclusivo y sostenible. Y esto no debe ser entendido solo para ser aplicado en los países en vías de desarrollo, ya que sus principios fundamentales deberían aplicarse a todos y todas, de hecho las oportunidades de empleo e ingresos y la protección y seguridad social son aspectos que nuestra sociedad debe reforzar, y más ahora en tiempos de crisis.

Según estadísticas de la Organización de Naciones Unidas, hasta el momento, 34 millones de empleos se han perdido en todo el mundo como resultado de la crisis económica, y 64 millones de personas se encuentran sumidas en la más extrema pobreza. Por ello es imprescindible validar el sentido y la aplicación del trabajo decente, y no supeditar este a medidas de austeridad que menoscaban los derechos laborales para paliar la crisis financiera. Hoy más que nunca es fundamental enfocarnos en la necesidad de romper con las políticas neoliberales que han ocasionado la terrible situación actual, para avanzar hacia un futuro más justo donde los principios del trabajo decente sean los que dicten las políticas de empleo.

La recién pasada huelga general retomaba el espíritu recogido de las condiciones de trabajo decente, para reivindicar la necesidad de una urgente reforma, pero desde el consenso político y social. Es decir, pensando, por encima de todo, en las personas y no en el déficit de los mercados financieros; buscando incrementar los recursos y no reducir las prestaciones, apoyando la prolongación voluntaria e incentivada de la vida laboral y no un retraso impuesto y obligado de la edad de jubilación.

Históricamente, la UGT ha perseguido siempre un mayor bienestar laboral y económico y, en definitiva, la justicia social para todas y todos. Del mismo modo en que revistieron una importancia crucial a la hora de hacer frente a los excesos de la revolución industrial y  a la devastación de la posguerra. En coherencia con eso, el rol de los sindicatos de clase en esta coyuntura es estratégico como generadores activos de propuestas y mecanismos de solución que puedan articularse desde el Diálogo Social, impidiendo la aplicación de  políticas que van en detrimento de los y las trabajadores.

Firmado: Marisa Baena Martínez, secretaria de migraciones y cooperación de la UGT-PV.