El giro a la izquierda del PSOE

Ismael Sáez Vaquero. Secretario general UGT-PV

Con este o parecidos titulares ha venido la prensa calificando el contenido del discurso del Presidente del Gobierno en el debate del Estado de la Nación, como si se tratara de un bandazo, de un cambio brusco de rumbo que además, se añade, encuentra motivación por el avance del PP en Andalucía, y en casi todas las encuestas, y con el que se pretende contrarrestar dicha tendencia.

Sin embargo, al analizar los anuncios formulados en dicho debate lo que se debería concluir, a mi entender, es continuidad en unas políticas que desde el inicio de su mandato y en especial desde la aparición del coronavirus se han caracterizado por un marcado carácter socialdemócrata. Es verdad que tras tantos decenios de liberalismo económico cualquier intervención sobre la economía es considerada marxista, pero conviene recordar que es la Unión Europea la que ha venido dando su visto bueno a gran parte de las reformas o acuerdos estructurales acometidos por el Gobierno de la nación en el marco del diálogo social, pero no sólo en él, como las pensiones, la reforma de la reforma laboral o unos presupuestos que sin las restricciones de tampoco hace tanto, no dejan por eso de ser objeto de interés y atención por la Comisión Europea.

Un Salario Mínimo Interprofesional equivalente al salario medio del país es una recomendación de la Carta Social Europea, unos ERTE que han permitido sostener rentas e hibernar empresas con un éxito evidente hubieran resultado imposibles sin la ayuda de Europa, y unos PERTE que persiguen dirigir la economía hacia la digitalización, la producción de energías limpias, la modernización de nuestra economía y su reindustrialización son una oportunidad para España que Europa se quiere dar a sí misma en un mundo de bloques en el que ocupar el papel que le corresponde.

¿Acaso ha dimitido Nadia Calviño o ha sido cesada? ¿La vicepresidenta primera del Gobierno no ha sido consultada por el Presidente en su supuesto giro radical? En serio ¿creemos que una situación excepcional tras otra situación excepcional se resuelve con la mano libre del mercado o con el insultante simplismo de bajar impuestos? ¿Mario Draghi también se ha hecho de Podemos?

Las medidas anunciadas por Pedro Sánchez son la continuidad del escudo social, el penúltimo intento por contener una inflación desbocada, la respuesta a una situación de crisis, sin embargo compatible con crecimiento económico y de empleo, que exige el reparto de cargas para superarla con justicia y cohesión social.

Los beneficios de los cinco grandes bancos españoles en el 2021, tras pagar impuestos, ascienden a 20.000 millones de euros, cifra sólo superada por los obtenidos en 2007 en plena burbuja inmobiliaria y de crédito. Que de esos beneficios se espere obtener unos 1.500 millones anuales para contribuir coyunturalmente a la aplicación de medidas en favor de la mayoría de españoles no parece expropiatorio. Que las empresas energéticas están siendo beneficiadas por la crisis lo declaran sus resultados y me parece esto más obsceno que exigirles un esfuerzo en beneficio de esa mayoría.

Por lo demás, subvencionar el transporte público hasta su gratuidad no es sólo una medida social, también persigue contener la inflación, puesto que su coste forma parte de la cesta de productos o servicios que lo componen. En la Comunitat Valenciana el Govern de Ximo Puig ya se anticipó a estas medidas sobre el transporte público con este mismo argumento: contener la inflación y ayudar a quienes lo utilizan.

Los bancos centrales han venido incrementando los tipos de interés y anuncian nuevas subidas para contener la inflación. Se trata de hacer más costoso el acceso al crédito para retraer el consumo y la demanda, y así bajar los precios. Por eso se ha venido considerando contraproducente bajar impuestos indiscriminadamente, porque supondría echar gasolina a una demanda que se pretende contener. El problema, sin embargo, no es a mi parecer de demanda, sino de oferta. La escasez de gas, petróleo y demás fuentes de energía provocados por la invasión de Ucrania no serán resueltas por un aumento de tipos, y son la razón última de la escalada de precios.

El PSOE, para concluir, no ha dado giro alguno a la izquierda en su política, ni la fuga de votantes que pueda padecer obedecen a la ausencia de medidas sociales, llevamos varios años con un escudo social sin precedentes que sus principales beneficiarios no parecen apreciar a la hora de emitir su voto. En esta ocasión, al PSOE los apoyos se le escapan por la «E» y no por la «O» como resultado de una estrategia identitaria que la derecha intenta exprimir enfrentando territorios, símbolos de españolidad, supuestas alianzas inconfesables con filoterroristas o independentistas, porque contra lo que pudiera pensarse las emociones también cuentan.

Sin ir más lejos, en nuestra Comunitat se ha intentado fabricar por enésima vez la idea de un Govern entregado a los intereses de Cataluña con el absurdo argumento de que el lema elegido para conmemorar el 40 aniversario de la autonomía valenciana «40 Anys Fem país» evoca intereses pancatalanistas. Hay que salvar la tierra valenciana y española de traidores, aunque se trate de hacerlo sobre el único partido político que lleva la E de España en sus siglas y para lograrlo, previamente, hay que construir un imaginario de agravios a la patria. En esa estrategia, tristemente, los valencianos y los españoles son asunto secundario, pero exacerbar el fanatismo funciona.