Sobre la jornada semanal de 4 días

Por Ismael Sáez Vaquero, Secretario General de UGT-PV

Como es bien sabido, la reducción de la jornada laboral ha sido una constante en las reivindicaciones de las organizaciones sindicales y del movimiento obrero desde sus inicios. Alcanzar las 8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de descanso fue una de las proclamas de las huelgas que dieron lugar, tras sus terribles sucesos de represión, a la conmemoración del 1º de Mayo. Trabajar para vivir, no vivir para trabajar sería la máxima de un proletariado que “vivía la vida como una guerra” (Miguel Hernández, dixit).

Más de 130 años después, en las sociedades desarrolladas y en especial en los 30 años gloriosos que van desde la segunda guerra mundial hasta la crisis del petróleo de los 70, las reducciones de jornada han sido paulatinas, pero enmarcadas en el espacio de la búsqueda de mayor tiempo libre.

Hoy, esa sociedad afronta la pugna de nuevos y poderosos competidores en una economía globalizada, en donde los que disponen del capital nos dicen que mayores salarios, más derechos laborales o jornadas más reducidas suponen riesgos de deslocalización o hándicaps para la inversión y, por tanto, para el negocio. Bueno, hoy y hace ya casi 40 años, desde que se instauró el pensamiento único ultra-liberal.

Las consecuencias son el deterioro en las expectativas de las clases medias y trabajadoras (no sólo los trabajadores son los perdedores de la globalización, también un buen número de pequeñas y medianas empresas expuestas a mercados sin reglas en donde los gigantes cumplen fielmente el principio de que el pez grande se come al chico) y en este escenario la reducción de jornada se plantea, desde un punto de vista teórico, con un doble objetivo: dar oportunidades de empleo a jóvenes y desempleados de larga duración, porque las subvenciones y los ingresos mínimos vitales o rentas básicas no son lo que la gente desea, diga lo que diga la extrema derecha; y dos, mejorar con ello la productividad.

A mi entender, la mejora de la productividad asociada a la reducción de jornada no responde de igual modo en todos los sectores, pero parece indudable que menores jornadas, aunque como queda dicho no es igualmente medible en todos los sectores, mejoran la productividad; eso sí, la productividad por hora trabajada. Baste como ejemplo medir el esfuerzo físico y la rentabilidad de un atleta, pongamos los 400 metros lisos en atletismo: el record mundial para un solo hombre está en 43,03 segundos, mientras que la prueba de relevos del 400 está en 36,84 segundos. Se trata de una mejora de productividad del 15%

Creo que en sectores industriales que trabajan a tres turnos las 24h del día, ocho horas por turno, la introducción de un cuarto turno, seis horas cada uno para cubrir esas 24h, produciría mejoras sustanciales de la productividad a salarios constantes por hora trabajada y un aumento del empleo del 33%. Es a mi entender pura física de resistencias y matemáticas, pero las organizaciones sindicales demandamos reducciones de jornada sin reducción de salarios; y eso, sin más, no parece que pueda producir mejoras en la productividad, es también matemáticas.

Así pues, necesitamos dos cosas al menos: que las reducciones de jornada que buscan mejoras de la productividad sean sustanciales y me atrevo a fijarla, como queda sugerido, en jornadas de 6 horas diarias. Y que éstas se hagan con el apoyo de los recursos públicos para que el reparto del empleo que se propone y asocia a la reducción de jornada se haga con la menor reducción de las rentas de los trabajadores. Una parte iría contra esa mejora de productividad, otra contra el IRPF y finalmente con subvenciones vinculadas al aumento de las plantillas.

Es evidente que las mejoras de la productividad están motivadas por la innovación, el incremento del valor añadido, la investigación y la ciencia; pero por sí solas estas variables necesarias y reclamadas por este sindicato no resolverán adecuadamente el alto índice de desempleo, en especial en un concreto territorio, porque tales variables de mejoras de la productividad no son ajenas a las tentaciones y oportunidades de la globalización, y cada cual decidirá donde las implementa; y también porque esas mejoras de productividad no contemplan la reducción de jornada como una fórmula de reparto del empleo que también puede ayudar a esa mejora.

La jornada semanal de 4 días no me parece la mejor solución, menos aún si como en el caso belga se contempla como una acumulación de jornada semanal: 4 días a 10h diarias. Creo que es más compatible con la condición humana ir a jornadas diarias de 6h.

Creo también que este planteamiento debe ocupar el espacio político y geográfico de la UE para lograr aumentos considerables de empleo que saquen del abatimiento y la desesperanza a millones de ciudadanos y ciudadanas, que logre mejoras de la productividad frente a terceros y poderosos actores en la globalización, que integre y cohesione nuestra sociedad, y que demuestre al mundo que la política en democracia es el mejor modelo de convivencia, paz y bienestar jamás conocido.

En definitiva, ser mejores siendo justos, porque no hay otra forma de ser buenos.