Unión General de Trabajadores del País Valenciano

opinion Ismael 1 de Mayo UGTPV

Opinión Ismael Sáez, Secretario General de UGT PV

Por primera vez, este primero de mayo no llenará las calles del mundo de manifestantes celebrando la importancia y la fuerza del trabajo, pero se hará presente en sus reivindicaciones a través de los medios de comunicación, en las redes sociales y, sobre todo, mediante la prestación de servicios esenciales a la sociedad, más visibles ahora que nunca. El 1º de mayo los hospitales seguirán funcionando, en las residencias se cuidará a mayores y dependientes, se garantizará la seguridad y la convivencia, se atenderán las emergencias y se limpiarán los pueblos y ciudades, recibiremos cumplida información de cuanto pasa, y todo ello será el resultado del trabajo.

Del trabajo y de la solidaridad que se hace norma cuando se codifica mediante leyes que emanan de una soberanía nacional que reside en el pueblo y de pactos entre los agentes económicos y sociales. Pero el pueblo va mucho más allá de los estados nación y su voz, su soberanía, está dividida y enfrentada.

En buena parte del planeta no hay hospitales para todos los que los necesitan ni residencias ni seguridad ni higiene ni libertad de prensa ni vale lo mismo la vida humana… En gran parte de nuestro mundo no importa la opinión de sus ciudadanos que no alcanzan siquiera esta categoría, pues son súbditos.

La pandemia del Covid -19 ha hecho más presente si cabe esta realidad y se suma a las alarmas del cambio climático, somos una especie que habita el único planeta conocido capaz de albergar la vida, cuyas artificiales fronteras no son reconocidas ni por el virus ni por la contaminación ni por los desastres naturales o provocados. Sin embargo, esas fronteras han venido separando la pobreza de la opulencia, la democracia de la tiranía, la libertad de la esclavitud.

Con la globalización el liberalismo económico se presentaba como la mejor estrategia para ganar en la lucha por el progreso material y la riqueza: mantener derechos laborales y salariales, sanidad pública, seguridad social o educación universal exigía fuertes cargas fiscales a la propiedad y el capital, el estado del bienestar surgido tras la segunda guerra mundial era un costoso pacto social que había que romper, las bridas sociales y laborales eran un lastre para la competitividad que ponía en riesgo la inversión y el empleo.

El resultado es conocido: la crisis financiera del 2008, recortes en derechos, destrucción de empleo, repliegues nacionalistas y más fronteras, pero esta vez en el seno de los propios países, fronteras de desigualdad y marginalidad.

De la actual pandemia solo cabe concluir que otro modelo social y económico es necesario. Que es imprescindible una coordinación internacional para garantizar estándares en derechos laborales y salariales, así como una armonización fiscal que proporcione la calidad de vida inherente a la dignidad humana que es materialmente factible proveer. El estado del bienestar es la reivindicación fundamental y su extensión a todos los rincones del planeta.

Pero antes hay que enfrentar la crisis actual en Europa, demostrar que la libertad, la democracia y la protección social son la única alternativa frente a modelos autoritarios o darwinistas, y para ello Europa debe asumir mayor grado de soberanía, que en su seno no esté dividida ni enfrentada, ganar ciudadanía europea.

En España, los sindicatos mayoritarios e internacionalistas (UGT y CCOO) hemos afrontado esta crisis alcanzando acuerdos con la patronal para salvar la actividad productiva, el empleo y las rentas de trabajadores y autónomos. De ese acuerdo emanan los Reales Decretos que garantizan prestación por desempleo aun careciendo de cotizaciones suficientes, que suspenden la relación laboral con ERTE,s que no consumen prestaciones futuras y eximen de cotización a las empresas, que hacen posible el cese de actividad de los autónomos y el cobro de subvenciones, y así un largo etcétera de medidas que garantizando la seguridad y la salud en el trabajo nos permitan superar esta pandemia con el menor coste económico y social.

Nos queda mucho por hacer, el ingreso mínimo vital es una reivindicación que UGT y CCOO llevamos en el 2019 al Congreso de los Diputados a través de una Iniciativa Legislativa Popular, que si ya entonces era necesaria, ahora se demuestra urgente. Hemos de participar en la des hibernación de los sectores no esenciales pactando nuevos instrumentos de suspensión de la relación laboral que se adapten a las circunstancias del momento, y estamos dispuestos a participar de cuantos pactos para la recuperación se nos propongan.

Hemos de reivindicar el valor de los servicios públicos, los de todos. Recuperar inversión en sanidad, en educación, en dependencia, en investigación e innovación, en infraestructuras. El pacto social necesario exige garantizar todo ello sin incrementos insostenibles de déficit y deuda pública, mediante una tributación progresiva y justa en el marco de una Unión Europea solidaria.

Este 1º de mayo, un vez más, hemos de rendir homenaje al trabajo y a los servicios públicos.Y sentir como propia su aspiración universal de progreso.

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