Unión General de Trabajadores del País Valenciano

ugt-pvPor Ismael Sáez Vaquero

No sé cómo calificar a aquellos que nos califican como “una panda de liberados que sólo defienden intereses corporativos” y que en ningún caso, dicen, nos preocupamos de los trabajadores que están en el paro; parece, al menos, que el calificativo de enemigos del movimiento sindical de clase les para bien, a no ser que tengan razón en lo que dicen. ¿La tienen? Veamos:   

Como es sabido, el pasado 2 de febrero, el Congreso de los Diputados aceptó admitir a trámite la Iniciativa Legislativa Popular promovida por UGT y CCOO para el establecimiento en nuestro país de una Prestación de Ingresos Mínimos. Es evidente que la ausencia de mayorías absolutas ha hecho posible que esta iniciativa se abra camino, a pesar de los votos en contra del PP y C´s; pero lo primero y fundamental es que el movimiento sindical de clase decidió en su momento poner en marcha esta Iniciativa Legislativa Popular y recabar más de 700.000 firmas de ciudadanos y ciudadanas españoles que comparten con nosotros la necesidad de salvar a las personas mediante la solidaridad hecha Ley. Los delegados y delegadas de nuestras organizaciones, han sido los artífices de este logro haciendo la campaña que ha permitido presentar en el Congreso las referidas 700.000 firmas.

Parece pues que de los parados, mientras lo son, nosotros sí nos preocupamos; sin embargo, se aduce que la verdadera preocupación por los parados debería ser facilitarles un empleo y no subsidiarlos, que eso, dicen, fomenta el pecado de la pereza. Pero ¿cómo se facilita el empleo, con simples declaraciones?  Nosotros defendemos un SERVEF que case la oferta y la demanda en el mercado de trabajo, que no sea un simple tramitador y pagador de prestaciones y para eso hacen falta recursos y voluntad política; nosotros defendemos la formación continua y ocupacional para mejorar la empleabilidad de los parados y la competitividad de las empresas, pero a patronales y sindicatos se nos deja fuera; nosotros defendemos el reparto del empleo, la flexibilidad interna en las empresas, la adaptación a las circunstancias y todo ello en el marco de la negociación colectiva para mejorar la productividad, la competitividad, el crecimiento y, con ello, el empleo.

Pero ¿a qué llamamos empleo? En pocas palabras, al que nace de la negociación entre patronales y sindicatos. Es ahí donde se fija la dignidad del trabajo, su retribución y las condiciones mínimas en que se presta. Para que esto sea posible es necesario recuperar el equilibrio en la negociación colectiva que la reforma laboral ha roto apostando por la competitividad mediante un pseudoempleo sin derechos,  y nosotros queremos una economía moderna, basada en la I+D+i,  que crezca haciendo mejor lo que sabemos hacer: con mayor valor añadido, no más barato.
Nosotros no somos ni una gestoría ni un sindicato corporativo, aunque, a veces, intervengamos en la resolución de conflictos particulares; nosotros defendemos los intereses de los trabajadores en paro, de los trabajadores precarios, de los trabajadores indefinidos, de los trabajadores jubilados; en definitiva, de los trabajadores como ciudadanos.

Y ahora, tras la admisión a trámite de la Iniciativa Legislativa Popular para una prestación de ingresos mínimos, sentimos la satisfacción legítima y la convicción de que así nuestra sociedad recupera cotas de justicia que la dignifican. 

De modo que no es verdad que las organizaciones sindicales de clase no se preocupen por los trabajadores en paro, pues denunciamos de manera constante la caída en la cobertura de las prestaciones por desempleo, y exigimos reformas y alcanzamos acuerdos para mejorar la economía y el empleo con un nuevo modelo productivo. Así que gracias y enhorabuena a esa “panda de liberados sindicales” por intentar ayudar a quienes en nuestra sociedad más nos necesitan.

 

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