25 de noviembre de 2006

Publicado en Levante La violencia contra las mujeres no sólo refleja la desigualdad, sino que la crea, y nunca es un problema individual, sino social, vinculado a las desventajas estructurales y a la discriminación que las mujeres sufrimos en una sociedad dominada por los hombres. Esta violencia que existe en todas partes aunque en distintos grados, afecta negativamente al acceso o la reincorporación de las mujeres al mercado laboral y a su capacidad para ejercer plenamente sus responsabilidades.

Se hace necesario adquirir conciencia crítica respecto al sistema de relaciones desiguales, impuestas por el patriarcado y que no percibimos porque durante toda nuestra existencia somos sociabilizados para sobrevivir en él. Ahí radica su mayor peligro y también su triunfo, en que es imperceptible.

Acabar con el machismo es algo que tenemos que hacer entre todas y todos. No es fácil justificar la falta de interés de muchos hombres hacia una de las cuestiones más dramáticas y relevantes de esta sociedad. Como bien dicen las asociaciones de hombres por la igualdad “El silencio de los hombres les hace cómplices”. Y es que hay cuestiones que no se cuentan: existen más de 20.000 denuncias de malos tratos en las que las víctimas quedan sin protección alguna; un 80% de absoluciones por supuestas falta de pruebas; muertes derivadas del maltrato que se producen tiempo después de la agresión, por enfermedad común o por suicidio, estas victimas parece que no cuentan.

Aún así, gracias a la presión continua de distintos movimientos feministas, sindicatos y algunos partidos políticos, se han adoptado importantes medidas jurídicas y administrativas, pero para cerrarle el paso a la cultura machista, profundamente arraigada en nuestras tradiciones, es necesaria la movilización general de la sociedad.

Desde un punto de vista sindical, uno de los puntos fuertes de la ley contra la violencia de género es la garantía de las victimas de una serie de derechos laborales y funcionariales que les permita conciliar los requerimientos del trabajo con las circunstancias personales. Una trabajadora que sufre malos tratos puede bajar su rendimiento laboral, dando lugar a absentismo, etc. lo que sin duda afecta o impide su desarrollo profesional y laboral.

Por ello la UGT-PV considera imprescindible que estas trabajadoras encuentren apoyo en sus centros de trabajo, prestarles la información y poder hablar, atenderlas y orientarlas... porque sin duda ante estas situaciones la acción y reacción de su entorno juegan un papel fundamental.
 
El Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva recoge para la negociación colectiva del 2006 de forma expresa entre sus criterios y orientaciones que “las organizaciones empresariales y sindicales consideramos que la negociación colectiva es una cauce adecuado para facilitar el ejercicio efectivo de estos derechos”. Así, la UGT cuenta con un protocolo de actuación en los casos de violencia de género. Existen interesantes experiencias en la negociación colectiva y acuerdos de empresa sobre violencia de género, que destacan la posición de representantes de las trabajadoras y de la parte empresarial con un firme compromiso de TOLERANCIA CERO ante la violencia que se ejerce contra las mujeres.

Es necesario crear en las empresas un ambiente favorable a la igualdad de oportunidades (aspecto este que se encuentra con la negativa visceral todavía hoy por parte de muchos empresarios, solo hay que recordar la posición y las declaraciones que la patronal adoptó hace unos meses anta la futura ley de igualdad). Además los futuros planes de igualdad de las empresas deben contemplar protocolos de actuación que beneficiarán, tanto a la dirección de la empresa, como a las trabajadoras y trabajadores de la misma.

Desde UGT creemos inexcusable asegurar que la lucha contra la violencia de género ocupa un lugar importante en el centro de trabajo. Además es necesario diseñar campañas de sensibilización y educación sobre el problema de la violencia de género que ayuden a prevenir esta situación.

Asimismo, y como ya hemos denunciado en numerosas ocasiones, es preocupante la situación de especial dificultad que encuentran las mujeres inmigrantes en situación irregular en las que además de los condicionantes de carácter cultural que arrastran hay que añadir el miedo a las consecuencias que pueden derivarse de la denuncia de violencia de género. En este sentido, se deben tomar medidas especiales no sólo dirigidas a este colectivo de  mujeres, sino a los grupos más vulnerables como las mujeres muy jóvenes y las de mayor edad.

Por último, desde este espacio quisiera hacer un llamamiento especial a la participación masculina en las manifestaciones y distintos actos reivindicativos contra la violencia de género que se producirá hoy en toda la Comunidad Valenciana.

Elvira Rodenas Sancho, secretaria de la Mujer y la Igualdad Firmado: Elvira Ródenas Sancho, secretaría de la Mujer y la Igualdad de la UGT-PV.

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