Por Ismael Sáez, secretario general de UGT PV

El Consell del Botànic ha venido sacando adelante sus presupuestos en tiempo y forma, incorporando en ellos la infrafinanciación que justamente reclama sin que por ello haya incurrido ni en impagos ni en problemas mayores, más allá de alguna que otra disputa puntual entre alguna consellería y el conseller de hacienda. Vamos, lo normal según parece ser en todo Gobierno.

Para el 2019, el presupuesto de la Generalitat se incrementó en un 9,8% respecto del ejercicio anterior. Contaban con mayor recaudación por efecto del ciclo económico, esperaban unos presupuestos generales del Estado que ayudaran a paliar la infrafinanciación de nuestra Comunitat (hasta tanto se resolviera el problema de fondo) y proyectaban un presupuesto expansivo de corte keynesiano para consolidar el crecimiento.

Respecto de la recaudación es probable que se haya sido en exceso optimista, veremos; respecto de las ayudas derivadas de los presupuestos generales del Estado no se puede negar que las contenía, el problema es que tales presupuestos no salieron adelante al tumbarlos PP, C's y los independentistas; en cuanto al crecimiento estamos asistiendo a una cierta ralentización, pero como en gran medida está motivada por el proteccionismo de Trump, el sainete del Brexit y algún que otro populismo más de derechas, no se puede descartar que un horizonte de paz comercial permita recuperar la velocidad de crucero de la economía mundial, aunque también lo contrario.

En este escenario, tan distinto del previsto por el Consell, el conseller del ramo plantea un ajuste del presupuesto del 2%, lo que seguiría significando un crecimiento respecto del 2018 de más de un 7%. Una medida prudente, pero no demasiado, está siendo objeto de graves críticas, pero no precisamente por su escasa prudencia, sino porque sencillamente algunos socios del Consell no la aceptan.

No nos vamos a sorprender del cinismo en política, por eso se entiende que los que con su rechazo a los presupuestos generales del Estado han minado la ejecución de los presupuestos de la Generalitat en vez de esconderse, como debieran, saquen pecho y acusen a todos los demás (incluidos los sindicatos) de habernos olvidado de defender la financiación que merecemos.

Lo que sí puede sorprender algo más es que en un escenario en el que la investidura del presidente del Gobierno está pendiente y en vilo una nueva repetición electoral, en el que la existencia o no de una coalición de Gobierno suscita el temor del candidato a la investidura a que eso se convierta en dos gobiernos en lugar de uno, aquí se traslade la sensación de que no hay un Consell, sino tres.

Bien está seguir insistiendo en que esta Comunitat es la peor financiada (la UGT-PV es la única organización que mantiene desde hace más de dos años colgada de su fachada una pancarta reivindicando tan justa causa), bien está pedir la reunión del Consejo de política fiscal y financiera; bien demandar a un Gobierno que no existe en plenitud de facultades una solución definitiva a esa financiación autonómica que no parece gustar a nadie; pero la realidad es que mientras se exigen soluciones hay que ir pagando facturas, y para poder hacerlo es necesario un ajuste en los presupuestos de la Generalitat que atiendan a las circunstancias actuales.

Mientras no tengamos un Gobierno en España que pueda hacer frente a sus compromisos sin la censura de la abogacía del Estado, un Gobierno al que plantearle la necesidad de resolver la situación de infrafinanciación de nuestra Comunitat, un Gobierno que pueda decidir y con el que discutir lo que es nuestro, todo lo demás es puro artificio electoralista.

Sé que hemos hecho una manifestación por la infrafinanciación al Gobierno del PP, y añado que estamos dispuestos a repetirla frente a un Gobierno del PSOE o del PSOE-UP, simplemente estamos a la espera de que una u otra opción se materialice.

Ahora bien, lo que no estamos dispuestos es a ignorar que las circunstancias han cambiado y que lo responsable sería que el Consell atendiera a esas nuevas circunstancias como razonablemente propone el conseller Vicent Soler. Lo contrario es simplemente temerario.

Contra pronóstico y para el disgusto de la oposición, el Botànic I funcionó como un solo Consell. Si se quiere que funcione tan bien el Botànic II que no lo olviden sus componentes, me atrevo a sugerir.

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