Por Ismael Sáez Vaquero, Secretario General UGT-PV

Cuando todavía no hace un año que se iniciaron las emisiones de la nueva radio televisión valenciana, arrecian críticas desde todos los frentes contra un ente que nació de los escombros de una extinta Canal 9 erigida como paradigma del despilfarro, la parcialidad más desvergonzada y el triste mérito de ser pionera de la telebasura, amén del enchufismo y el descalabro financiero. Vamos, que si hablamos de hipotecas reputacionales levantar esta es tarea hercúlea; Además hay que tener en cuenta que reconstruir con un presupuesto muy reducido cuatro años de abandono y obsolescencia es más difícil que crearla de cero.

Se le reprocha un escaso seguimiento entre los valencianos. Según Kantar, que es la empresa encargada de medirlo, está en un 1,6% de share y, para qué negarlo, parece poco. Sin embargo, si comparamos podemos observar que La 2 está en el 2,2 % y La Sexta o Cuatro empezaron con índices parecidos en su primer año de emisión, de modo que parece prudente darle alguna oportunidad más a la criatura. Además, y por si fuera poco, la mayoría de los artefactos para la referida medición de la audiencia están en zonas castellanoparlantes, un 62%, por lo que la muestra se presenta claramente distorsionada al ser decisión de El Parlament Valencià que la única lengua utilizada por la cadena fuera el valenciano. Otra cuestión que no se contempla desde el sistema de medición mentado, es toda aquella audiencia que consume televisión a través de internet, plataformas, redes sociales€ Un espectro cada vez más grande de población que no se puede pasar por alto y del que en este caso parece que se ha pasado.

Se nos dijo, sobre todo por parte de quienes estuvieron al frente del gobierno de los valencianos en los días de vino y rosas de Canal 9, que la creación de una nueva radio televisión valenciana era un lujo, como si los valencianos debiéramos renunciar a lo que todas las demás autonomías sin distinción poseen, una radio y televisión propias; pero lo cierto es que, con 55 millones de euros de presupuesto, À Punt nos sale a cada uno de los 5 millones de valencianos y valencianas por 11€ al año, mientras que Aragón gasta de media más de 36€ año por aragonés o aragonesa, por poner un ejemplo. Así que nada que ver con aquella televisión que agrió el vino y marchitó las rosas, dejando una enorme deuda, la referida hipoteca reputacional y unos índices de audiencia en sus estertores de encefalograma plano.

Por si todo lo que antecede fuera ligera carga, añádase la reciente campaña electoral de las Generales y Autonómicas para encontrar el terreno propicio para hacer de À Punt el pim pam pum. Unos por tibia, otros por parcial, otros por imparcial, ninguno de los partidos políticos en liza parecen contentos con sus informativos. Ahora bien, si los que la han acusado de ser «telecompromís» tenían razón y no solo descaro, parece evidente que À Punt ha fracasado. Cómo sacarse de la retina a Cantó gritando: «¡Uno más que Compromís!»

Con todo, a mí lo que más me preocupa es el desánimo, la inseguridad, la falta de estabilidad y de reconocimiento que acaba cerniéndose sobre los trabajadores de la cadena y sobre el conjunto del sistema audiovisual valenciano. De él dependen miles de empleos, una industria asociada de alto valor añadido, un instrumento útil para la sociedad a la que pretende servir y que contribuye a cohesionar. La crítica está bien, ayuda a mejorar, pero la descalificación grosera, la que no se sustenta en datos porque la mayoría de quienes la ejercen me temo que no la ven o la ven poco, es de lamentar.

Si hay que corregir, corríjase. Si hay que plantearse emisiones también en castellano para ganar audiencia, plantéese. Si algunos de los instrumentos creados para garantizar su imparcialidad y su control, en vez de ejercer su trabajo ahogan la gestión cotidiana, cámbiense. En fin, hágase una crítica ponderada que persiga mejorar la radio televisión pública que merecemos todos los valencianos y valencianas, porque somos ciudadanos de primera ¿no? Asumamos que la calidad y la audiencia no siempre van unidas y reconozcamos el trabajo que con muy escasos medios están haciendo unos cientos de trabajadores y trabajadoras sometidos a una enorme presión, como muñecos del pimpampum. Si, como dijo alguien, «la paciencia es el arte de tener esperanza», no perdamos la paciencia que la esperanza es lo último que se pierde.

0
0
0
s2smodern