Unión General de Trabajadores del País Valenciano

Por Ismael Sáez Vaquero, secretario general de UGT-PV.

La caída de Lehman Brothers supuso hace 10 años el inicio de la Gran Recesión, nadie discute hoy que la excesiva financiarización de la economía, su desregulación y las burbujas inmobiliarias y financieras, íntimamente ligadas con la titularización de las hipotecas subprime (pero no sólo), así como un mercado global, explican la profundidad de la crisis. Aquellos excesos pusieron en jaque el sistema financiero mundial, restringieron el crédito hasta casi secarlo y obligaron a los poderes públicos a rescatar dicho sistema con ingentes recursos de dinero público y el consiguiente aumento de la deuda pública.

Pero una cosa es la profundidad y otra la duración de la crisis, y en virtud de las respuestas que a dicha crisis se dieron desde los distintos ámbitos de gobierno, la referida duración ha variado mucho. Mientras que en EE.UU. se llevó a cabo una política económica contracíclica y la Reserva Federal compró deuda como si no fuera a haber un mañana, en Europa vivimos la consecuencia de una Unión a medio construir, con una moneda sin los instrumentos necesarios para su estabilidad y con una economía, la griega, que gobernada por la derecha política había falseado sus cuentas y ocultado déficit y deuda. Hasta aquí las circunstancias, pero ¿cuáles fueron las respuestas? El BCE obsesionado con la inflación dejó a los distintos Estados de la Unión a su suerte y aparecieron las primas de riesgo que llegaron a expulsarlos de los mercados impidiendo su financiación y se aplicaron los rescates con exigencias de control del déficit durísimas. Europa se dividió entre acreedores y deudores, imponiendo los primeros políticas suicidas de austeridad que pretendían garantizar la devolución de la deuda, pero que ahogaban a las economías deudoras profundizando la recesión.

Los ciudadanos de los países rescatados, pero no solo ellos, experimentaron la reducción de sus pensiones, de sus salarios, de su empleo, de sus prestaciones sociales y de su estado de protección. El sistema financiero permanecía «gripado», seguía cayendo el consumo y la inversión, se había entrado en un círculo vicioso en el que la medicina para el anémico enfermo era la sangría. Eso es lo que UGT, pero no sólo nosotros, dimos en llamar austericidio.

Finalmente, aunque tarde y dejando profundas heridas, se relajaron las exigencias de déficit y el BCE se puso a comprar deuda pública y privada con una política monetaria expansiva que redujo la fiebre de las primas de riesgo como bálsamo de Fierabrás y permitió desatascar el crédito y con él el consumo y la inversión. Sin embargo, los efectos sobre la política con el rebrote de populismos y nacionalismos ha seguido creciendo, haciendo cada vez más difícil un proyecto de integración europea imprescindible para el sostenimiento del Estado de Bienestar y el modo de vida europeo.

Este simple, breve y por ello incompleto relato, pero no por ello menos cierto, viene a resultas de la comparación que en este mismo periódico se hizo hace unos días entre la política de austeridad practicada por UGT-PV para ajustar sus cuentas y las críticas que como sindicato hemos venido realizando a la austeridad llevada a cabo en Europa. Se viene a decir, resumiendo mucho, que hacemos en casa propia lo que criticamos en casa ajena.

Nada más lejos de la realidad, nuestra capacidad de expansión económica, de gasto, en una crisis tan dura es inexistente. No disponemos de instrumentos monetarios o fiscales, solo de la afiliación y la cuota sindical (y unos y otros se resienten cuando se destruyen en pocos meses más de tres millones y medio de puestos de trabajo) para responder a los incumplimientos de la Administración que nos aminoró, retrasó o simplemente no pagó las encomiendas que nos había encargado. Sólo podemos ajustar desde el gasto y es lo que hemos hecho. Comparar la austeridad de UGT-PV con la llevada a cabo en Europa por un gobierno de la Unión eminentemente de derechas está bien como ocurrencia, pero si no se aclara la broma alguien lo puede tomar en serio y eso, con todo respeto, es poco serio.

De modo que sí, UGT-PV aplica la austeridad, creo que bien entendida, mientras denuncia el austericidio como causante de la desigualdad, la fractura social, el auge de los nacionalismos populistas y la larguísima duración de una crisis de la que otros supieron salir mucho antes.

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