Unión General de Trabajadores del País Valenciano

Por Ismael Sáez Vaquero, Secretario General de UGT PV     

​Es verdad que el Consell o, lo que es lo mismo, el Pacte del Botànic, defiende y practica el diálogo social. Un diálogo social que tiene tintes diferentes: es algo así como mantener vivas mesas de diálogo en las que se abordan temas, no se concreta nada y el Consell legisla. No es que en su legislación haya contradicciones entre lo que las partes opinamos y lo que finalmente se concreta en normas, al menos y de momento en lo fundamental, es que se nos escucha pero no se pacta. Tal vez sea deformación o que uno ya no está en lo moderno, pero lo cierto es que los que hemos negociado convenios colectivos durante gran parte de nuestra vida sindical tenemos la costumbre de proponer materias y alcanzar acuerdos.

Sea como fuere, tanto CCOO como UGT, hemos intentado seguir el viejo modelo proponiéndole a la Patronal autonómica, CEV, un acuerdo de materias concretas en el que abordar asuntos relacionados con la calidad y la estabilidad en el empleo en aquellas empresas que, mediante licitaciones, trabajan o prestan servicios a la administración valenciana; además de intentar poner orden en los instrumentos de concertación, debate y mediación de que disponemos: el Tribunal de Arbitraje Laboral, El Comité Económico  Social, el INVASAT, la tripartita, etc. También perseguimos darle a ese acuerdo continuidad, habilitando a su comisión paritaria para que incorpore nuevas materias que en el futuro próximo sean de interés común en beneficio de los trabajadores y trabajadoras valencianas y en la leal competencia entre empresas.

Este acuerdo, que no ha sido posible por el momento, incorpora, más allá de sus contenidos, el valor de ser un salto cualitativo en el diálogo patronal-sindicatos en la Comunidad Valenciana; pues es de naturaleza obligatoria para las partes en los mismos términos que cualquier convenio colectivo y nos dota de un grado de madurez y valencianismo nada desdeñable si queremos tener el peso y la voz que los valencianos demandan.
El primer escollo ha sido nuestra voluntad de comprometer un acuerdo que establezca la obligatoriedad de la subrogación en todas aquellas licitaciones que la administración (Generalitat, Diputaciones y Ayuntamientos) formulan para que sean empresas privadas las que presten o realicen sus obras o servicios. Nos parece que la única manera de dar estabilidad y seguridad al empleo que de ellas se deriva es mediante este compromiso. En segundo, término, proponemos que la no consideración de las condiciones de trabajo y salario del convenio colectivo del sector en estas contratas debe ser entendido como baja temeraria y rechazada por la administración de que se trate. Y, por último, en relación con este asunto, creemos que es imprescindible establecer la plantilla de trabajadores necesaria para prestar el servicio o su equivalente en horas de trabajo, pues de lo contrario corremos el riesgo de trasladar a los trabajadores la codicia de las empresas o el afán de ahorro de la administración.

El segundo y definitivo escollo, es probablemente la falta oportunidad (yo opino que de valentía) que la CEV ha objetado para asumir un compromiso de esta naturaleza. Pero lo cierto es que sin el concurso de la CEV, alcanzar la estabilidad que todos decimos pretender para el empleo de estos trabajadores y la seguridad de que sus condiciones laborales y salariales no se verán perjudicadas, se hace harto difícil, aunque no imposible.

Son muchos los convenios colectivos que van incorporando ese derecho de subrogación, recientemente el Metal de Valencia y el de Alicante, pero queda mucho todavía por hacer, cuando en un solo acto podríamos resolverlo la CEV, UGT y CCOO para todas las administraciones en la Comunidad Valenciana.

La Generalitat está por la labor, cómo no, también la Conselleria de Rafael Climent; pero necesitamos que la nueva patronal autonómica se ponga manos a la obra y concierte con nosotros un marco de negociación que dé solución a algunos de los problemas que laceran más gravemente a los trabajadores y expulsen del mercado a las empresas que solo saben innovar con cargo los derechos y salarios de sus empleados.

 

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