26 de octubre de 2006 

Una juventud abandonada.  Abraham Campos En una sociedad en la que se incita al consumo desmesurado, la mayoría de los jóvenes, disfrutamos de ese consumo con sueldos ridículos que nos permiten disfrutar de lo que en un principio creemos que nos proporciona  calidad de vida y no nos damos cuenta de que nos estamos procurando dulcemente la esclavitud, puesto que esos sueldos ridículos de los que disponemos cuando empezamos a asumir responsabilidades económicas nos convierten en esclavos de nuestras hipotecas, nuestras cargas familiares y nuestro trabajo.

Y es entonces, cuando abrimos los ojos, pero entonces es demasiado tarde, hay mucho que perder y poco que ganar. Es entonces cuando o bien lo asumimos con resignación o nos preguntamos,¿quién dará de comer a mis hijos si exijo mejoras sociales?, ¿Y si exijo que se cumpla con la normativa laboral me reducirán el sueldo eliminando las horas extraordinarias que necesito?, ¿Y si me despiden?, y afirmamos. ¡Si no lo hago yo, lo hará otro!, ¡Yo no me voy a mover por gente por la que no vale la pena hacerlo!.

No sé, pienso que tratamos de justificar nuestros miedos y nuestra propia actitud, y que mejor que pensar que yo no fallo, son los demás los culpables de mi situación.

Parece que no nos damos cuenta de  que esta actitud la única consecuencia que tiene  es, ¡ninguna!. Y lo mas lamentable es que este pretexto lo han utilizado muchos de nuestros padres, lo utilizaremos nosotros y quien sabe si las próximas generaciones.  

Y que decir de aquellos ciudadanos que ostentan el poder económico y político y por consiguiente tienen la responsabilidad de mejorar nuestra situación. Sobre todos ellos simplemente me expresare basándome en experiencias reales.

Vivir en la ignorancia es  extremadamente perjudicial para nosotros. La curiosidad nos llevara a ver con nuestros propios ojos la voracidad con la que un elevado numero de empresarios  pagan parte de nuestros salarios en dinero negro que nos proporcionaba una cobertura social de risa, cínica por supuesto, el pago de  salario en conceptos que no cotizan a la Seguridad Social que consiguen que no podamos permitirnos ponernos enfermos, la realización de horas extraordinarias en cantidades desmesuradas para poder tener mayor poder adquisitivo para poder permitirnos aquellos caprichos que consideramos que nos proporcionan calidad de vida, con la consecuente perdida de vida social, discriminaciones por exigir que se cumpla con la legislación vigente, etc.

En fin, para concluir, los intereses personales de este tipo de empresarios están por encima de los de cualquier persona. Ojo, con esto no quiero decir que no deba ser así, pero siempre y cuando se respete la normativa laboral vigente y no utilizando la ignorancia del trabajador no formado en este aspecto y lo que es mas grave, utilizando su situación personal con el fin de ahorrarse un buen dinero a costa de la cobertura social de sus propios trabajadores y sus familias, y arrastrando a la competencia que si cumple con la normativa a realizar dichas practicas .

Que decir de los políticos. La verdad es que gran parte de los jóvenes por desconocimiento y falta de interés hacia la política no podemos pronunciarnos como deberíamos, en profundidad. Lo único que diré, laboralmente hablando, es que  se vienen repitiendo  en mayor o menor grado altos  índices de precariedad, siniestralidad, poca actuación  contra las empresas que actúan al margen de la legalidad con la constancia voraz que ya he expresado en párrafos anteriores,  encarecimiento desproporcionado de la vivienda comparado con los incrementos salariales, etc. . ¿Y quienes somos los mas perjudicados?¡ Los jóvenes!

Por lo tanto, cuando llega la hora de votar muchos de nosotros  nos preguntamos inconscientemente  quien perjudicara en menor medida nuestros intereses, cuando nos  tendríamos que plantear conscientemente quien mejorara y proporcionara mayor estabilidad a nuestros intereses laborales, económicos, sociales y formativos.

Creo que aquellos políticos que no lo hacen, deberían cumplir con sus responsabilidades y trabajar sobre todo en aquellas materias que si son realmente importantes para nosotros los jóvenes y no ofrecernos soluciones a nuestros problemas efímeras y circunstanciales.

Nuestros padres, muchos de ellos están tan preocupados por nuestras carencias que no se dan cuenta de que nos hacen débiles.

Pero en este párrafo hablaremos de dos etapas que son fundamentales, la adolescencia y la emancipación.

En la adolescencia, es importantísima la actitud de nuestros padres. Ellos, deberían medir con milimétrica exactitud cuales son nuestras necesidades reales y cuales no lo son y del mismo modo premiar nuestra actitud positiva y castigar la negativa. Algo que entendemos todos, pero en la realidad no se suele aplicar y así desde niños muchos de nosotros crecemos aceptando como normal que lo que me apetece si esta a mi alcance, lo adquiero.

En cuanto a la emancipación, existen dos vertientes claramente definidas.

La primera somos aquellos jóvenes acostumbrados a obtener con relativa facilidad nuestras apetencias, empezamos asumiendo responsabilidades económicas como créditos hipotecarios o alquileres, nos casamos o vivimos con nuestras parejas y finalmente formamos nuestras familias teniendo que renunciar a los excesos. Teniendo en cuenta los salarios ridículos de los que disponemos, nos vemos obligados a bien o realizar horas extraordinarias que prolongan nuestra jornada laboral o renunciar a los excesos que teníamos cuando vivíamos con nuestros padres.¡ Esta situación no debe resultar muy agradable en el seno de la familia creada!, puesto que tenemos que asignar la mayoría de nuestros ingresos a los gastos que genera la misma, gastos de los que antes carecíamos, o tenemos que renunciar a gran parte de la vida social que antes de formar nuestra familia si que teníamos. En conclusión, esta situación puede llevar perfectamente al deterioro progresivo de la propia familia.

La otra vertiente, somos el conjunto de jóvenes que siendo conscientes de las dificultades a las que nos tenemos que enfrentar optamos por quedarnos con nuestros padres, pero eso si, sin renuncias a las garantías, facilidades y comodidades que ello nos proporciona, sin renunciar a nuestra vida social, ni a nuestras apetencias. Una actitud que en otras circunstancias seria muy valida pero en las que se dan en la realidad, egoísta. Una actitud asumida por la sociedad, puesto que la vivienda esta muy cara, los sueldos son ridículos, etc.

Por ultimo, me gustaría hablar de aquellos que tenemos la solución, los jóvenes.
Teniendo en cuenta que gran parte de los empresarios están muy preocupados por sus propios intereses y aquellos que no lo están se ven arrastrados por su competencia, que muchos de los políticos solo nos aportan soluciones efímeras y circunstanciales a nuestros problemas y que nuestros padres ya tienen bastante con todas las responsabilidades que han asumido, nosotros, los jóvenes, tenemos las herramientas para cambiar esta situación.

¿cómo? Hay va una sugerencia.

Si tenemos en cuenta que nuestros padres cubren nuestras necesidades básicas, no tenemos una dependencia económica de nuestros salarios y por lo tanto, ante la voraz actitud que muchos de los empresarios ejercen sobre sus trabajadores, que sobre nosotros no pueden ejercer, nosotros podemos reivindicar mejoras sociales y  la aplicación de la normativa laboral vigente accediendo a  cargos sindicales y uniéndonos a las reivindicaciones que redunden en nuestro propio beneficio.

En lo político, ya que gran parte de los mismos no nos proporcionan soluciones reales si no efímeras y circunstanciales accediendo a cargos políticos,  formándonos  en aquellos aspectos que si son realmente importantes como derecho, economía, sociología, funcionamiento de la administración, etc.

En cuanto a lo familiar, deberíamos aprovecharnos de la situación tan fácil y cómoda que nos proporcionan nuestros padres y valorar sus sacrificios agradeciéndoselo creciendo en todos los sentidos. Económicamente, ahorrar aprendiendo a invertir nuestros ahorros de forma que cuando decidamos emanciparnos seamos en la menor medida posible dependientes de nuestro salario. Formativamente, no dejando de aprender a lo largo de nuestras vidas estudiando en la medida que cada uno estime oportuno sobre aquellas materias que despiertan nuestra curiosidad. Emocionalmente, enriqueciendo valores como la tolerancia, la firmeza, la humildad, la constancia, etc.
Y todo ello, procurando mantener el equilibrio entre el ocio y las responsabilidades y  los caprichos y las necesidades reales de cada momento.

Te imaginas, informado, formado, económicamente equilibrado y con una escala de valores enriquecida. ¿Crees que no es posible?¡ Yo creo firmemente que si lo es!
¡Puede ser así gracias a nuestros padres, fundamentales en esta labor!

Se despide, hasta pronto,    

Abraham Campos Sola Sº de Juventud UC Millars- Plana- Baixa- Palància

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