Unión General de Trabajadores del País Valenciano

17 de abril de 2007

La segunda de las mesas de la tarde, titulada Universalización de la Sanidad Pública y moderada por el Secretario General de la FSP-UGT-PV, Luis Lozano, versó sobre la pieza central de la actividad política de Ernest Luch, la universalización de la Sanidad Pública, una de las patas en las que se asentaba el estado del bienestar en España, y que posibilitó la construcción no sólo de una sociedad democrática sino de una democracia avanzada.

La ponencia contó con la presencia de Félix Lobo, presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, quien fue colaborador y compañero de Ernest Lluch en la etapa al frente del Ministerio de Sanidad.

Lobo explicó su trabajo junto a Lluch, sus logros, el significado de la lucha por generalizar el derecho a la sanidad pública entre la ciudadanía española, así como la vertiente más humana del economista, su afán por el consenso, por sumar fuerzas a la causa y su saber escuchar. Felix Lobo recordó que aunque en su momento fueron muchos los estamentos sociales que se opusieron a la “Ley Lluch” y que todos los partidos presentaron enmiendas a la totalidad y fueron críticos con la medida, ahora nadie pone en duda los principios de la Ley y nadie se ha atrevido en este tiempo a desmantelarla.

El presidente del Instituto Médico Valenciano, Salvador Lledó, recordó que el paso de Ernest Lluch por el Ministerio no sólo tuvo como objetivo la universalización de la sanidad sino que la reforma encomendada era mucho mayor: se trataba de un cambio de mentalidad en la sociedad española en lo referido a salud, ya que la relación médico-paciente a inicios de la década de los ochenta era todavía, a diferencia de lo que ocurría en el resto de Europa, muy tradicional, asimétrica y vertical.

De hecho, el paciente no tomaba decisiones por sí mismo sino que dependía de la voluntad de los médicos, que eran vistos como expertos. Según cuenta Lledó, Lluch en su tarea por cambiar la mentalidad social en este aspecto, otorgó al paciente autonomía y capacidad de toma de decisiones sobre su futuro, derecho a elegir entre las opciones presentadas por el médico, y ésa fue una revolución impagable.

Finalmente, la delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Carmela Moya, ahondó en los contenidos que también fueron tratados por el Ministerio de Lluch, como el Plan Nacional sobre drogas, las acciones frente al SIDA, el impulso por la realización de transplantes y la reforma de la psiquiatría.

Respecto a la lucha contra el SIDA, recuerda Moya, en esa época no se tenía ningún conocimiento sobre la problemática, incluso no se tenían datos de los posibles afectados, con lo que abordar la epidemia era muy complejo. Por su parte, el Plan sobre drogas se enmarca en un momento convulso, ya que existía no sólo preocupación por los contagiados sino que se consideraba a la droga la causa de la creciente inseguridad ciudadana. Según Moya, sólo una personalidad como la de Lluch pudo afrontar ese contexto y sacar lo mejor de un Ministerio hasta convertir su tare en huella imborrable en la sanidad española.

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